La arboleda perdida, donde el poeta gaditano Rafael Alberti rememora su exilio en Argentina

La segunda parte de La arboleda perdida, de Rafael Alberti, en la Biblioteca de la Casa de la Memoria.

La segunda parte de La arboleda perdida, de Rafael Alberti, en la Biblioteca de la Casa de la Memoria.

En el proyecto Memoria y exilio transoceánico, sobre los refugiados republicanos andaluces en Argentina, que desarrolla la Casa de la Memoria con patrocinio de Iberarchivos, no podía faltar una mención destacada al caso del poeta gaditano Rafael Alberti. En las estanterías de la Biblioteca Javier Núñez Yáñez de la Casa de la Memoria tiene su espacio, dentro de la biblioteca auxiliar, el libro de memorias La arboleda perdida (segunda parte), editado en 1987 por Seix Barral. Este volumen contiene los libros III y IV de las memorias del escritor de El Puerto de Santa María.  En concreto, el libro III, que abarca los años 1931-1977, incluye varios capítulos sobre su exilio en Argentina, adonde llegó tras abandonar Francia una vez ocupada la capital gala por las tropas nazis. Precisamente, Alberti cuenta cómo su poema “La paloma” de algún modo enlaza estos dos territorios de su destierro.  Rememora el poeta portuense que cuando sobrevivía como locutor nocturno en la emisora Paris-Mondial, al conocer el final de la guerra de España con la insurrección del coronel Segismundo Casado, sintiéndose en un estado espiritual “desesperado” y “hundido en el mayor desánimo”, una noche solitaria en el estudio de radio, poseído por no se sabe “qué extraños impulsos”, comenzó a escribir una canción que comenzaba así: “Se equivocó la paloma. / Se equivocaba. / Por ir al norte fue al sur. / Creyó que el trigo era agua. / Se equivocaba”. Al poco de escribir este poema, Rafael Alberti y María Teresa León se vieron obligados a dejar París y en Marsella embarcaron rumbo a Buenos Aires, adonde llegaron tras unos veinte días de navegación. “La paloma” formó parte de un libro que terminó de escribir en la capital argentina y que fue publicado con el título de Entre el clavel y la espada. Al tiempo, el compositor bonaerense Juan Carlos Gustavino puso música y canto al poema. Alberti asistió al estreno de la canción, con música de cámara, “como pieza de concierto”. Luego, un coro de Santiago del Estero, de los hermanos Carrillo, la interpretó con éxito solo a voces, e inmediatamente pasó a formar parte del repertorio de la radio del país sudamericano. Alberti confiesa: “Aquella paloma de mis noches de guerra parisina había comenzado su vuelo, pero todavía a ras de los tejados argentinos”.

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